Mayo, el mes del trabajo

Escrito el por Vital Voices

Fue en París, corría el año 1889. El Congreso Obrero Socialista acuerda que se establezca en todos los países un día de lucha para mejorar las condiciones de trabajo. Su bandera, el homenaje a los Mártires de Chicago que, en el año 1886 perdieran la vida por participar en las movilizaciones para reducir la jornada de trabajo a ocho horas diarias y culminaron en una huelga que movilizó a más de 200.000 personas. Así se estableció el 1ro de mayo como día internacional del trabajo. Un buen momento para una reflexión sobre la situación de las mujeres en el campo laboral.

El concepto de trabajo, en economía laboral, se vincula a las actividades remuneradas y consideradas productivas en la órbita del mercado. Las teorías del valor del trabajo dieron lugar a la asociación simbólica entre trabajo y trabajo asalariado. La lógica consecuencia de esta asociación es la desaparición del trabajo doméstico de la esfera económica y, por lo tanto, su no consideración como aporte a la economía global. Varios temas que analiza la perspectiva de género se desprenden de esta situación: la doble jornada laboral de las mujeres, el equilibrio familia-trabajo, los bajos índices de puestos de conducción ocupados por mujeres (“el techo de cristal” aún en las profesiones donde somos amplia mayoría) y una brecha salarial que sigue siendo significativa.

La “división sexual del trabajo”, es la distribución social de obligaciones y responsabilidades entre individuos, de uno u otro sexo, de las actividades de mercado y extra mercado, públicas y privadas, según lo indicado en las representaciones culturales para cada sexo, los estereotipos, que deciden qué debe hacer y sentir cada uno de los sexos. Difícilmente logremos modificar la situación de las mujeres sin atender, reflexionar y aspirar a cambiar estos estereotipos.

Lo deseable sería la construcción de una nueva forma de vida que permita establecer nuevos equilibrios entre lo público y lo privado, el trabajo productivo y el reproductivo. Pero estos nuevos equilibrios no deben estar basados en una división del universo social en dos partes, que atribuye una mitad a cada uno de los sexos, sino en que todos los individuos, hombres y mujeres, contribuyan equilibradamente a ambos aspectos de la vida.

Es decir, al establecimiento de un nuevo pacto, o un nuevo contrato entre hombres y mujeres, para una partición del trabajo socialmente necesario que no tenga el carácter de la división sexual del trabajo, sino de la asunción individual de responsabilidades y tareas situadas en ambas esferas.

La Organización de las Naciones Unidas ha establecido Objetivos del Milenio. Entre ellos, el objetivo número 3 dice: “promover la igualdad entre los sexos y el empoderamiento de las mujeres”. No debemos pensar este objetivo como erradicación de las diferencias entre los sexos sino como cumplimiento del Derecho Humano de todas las personas a desarrollarse mediante un proceso de expansión de sus libertades, en todos los aspectos de sus vidas.

Acceso a las mismas oportunidades de desarrollo. Acceso a las mismas oportunidades para ambos sexos y cambios para ello sea posible. Seguimos trabajando en el cumplimiento de una visión que está contenida en este artículo: queremos una mujer en cada mesa de decisión. Queremos que se escuche la voz de la mujer en cada mesa de decisión, sea esta pública o privada. Que sea pública y privada. Seguimos trabajando.

Silvia D´Imperio
Miembro Consejo Asesor
Voces Vitales Argentina

 

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